La capsula Informativa: Historias de vida

«Dentro de nosotros existe algo que no tiene nombre
y eso es lo que realmente somos.»
José Saramago.

El otro día, hablando con una muy buena amiga, comentamos la necesidad que tenemos últimamente de «huir» de lo que hemos considerado ese «ruido» al que nos hemos ido acostumbrando con el paso del tiempo.

Nos creemos más productivas por tener la agenda llena de eventos, planes, cosas pendientes… Y es que el simple hecho de sentarnos a leer un libro, contemplar una puesta de sol sin el móvil en la mano, contestar a los mensajes cuando buenamente se pueda o declinar planes para cambiarlos por ese momento de soledad y silencio a veces es complicado.

La sociedad parece como si nos obligara a ir y estar en todos sitios. Y cada vez más hay una sensación generalizada de falta de tiempo. ¿Y no será que no somos capaces de organizar ese tiempo en función de la necesidad vital?

Quizás el ejemplo que voy a poner a continuación no es el más idóneo para este momento pero si el más gráfico. Y es que donde más sentimos esa falta de tiempo es en dos ámbitos muy importantes de nuestra vida: el laboral y el personal. En lo laboral parecen atacarnos por todos los frentes posibles. Casi todo el mundo quiere todo para ayer y todo es urgente. Salir con prisa de casa, atascos, el que se salta el semáforo o parece que se subió a una tortuga. El que se para en mitad de la calle. Llegar a casa y seguir haciendo todas esas tareas pendientes…

Se nos acumulan las tareas y parece que nos falta respirar. La productividad tóxica y la necesidad mal infundada de llegar a todo como si eso nos convirtiera en unas super mujeres, super mamás y super humanas. Y encima, hacerlo todo con una sonrisa.

Poco se habla de los altos niveles de estrés, de los altos niveles de cortisol en sangre y de las depresiones camufladas detrás de ese «llegar a todo» y terminar rendidas en la cama esperando que llegue el ansiado fin de semana para poder terminar lo que no ha dado tiempo.

Se nos va la vida y no la estamos saboreando. Las historias de vida que nos perdemos por no saber poner límites, por no permitirnos parar a tiempo, por no saber decir que no.

Por eso es cada vez tendemos a huir, a salir corriendo. Pero no nos damos cuenta de que al volver, todo ello seguirá ahí, esperando. Porque nos ha faltado dar un corte de raíz y priorizar nuestra salud mental y emocional, nuestro tiempo de calidad. A pesar de que podamos hacer más de dos cosas a la vez, estar solo en una.

Hazte un regalo. Disfruta de cada segundo. Respira profundamente. Aprende a poner en modo avión esos pensamientos intrusivos que te agotan y te impiden seguir adelante. Paladea cada cucharada. Escucha con atención cada palabra de tu dicen en casa. Ama como si no hubiera un mañana. Abraza con intensidad. Reconecta con tu esencia. Y no pases de puntillas por la vida.

Eres aquello en lo que te conviertes. Y te conviertes en aquello que crees que eres.

Nos leemos en breve. Con amor,
I.

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