La capsula Informativa: Auroras Boreales

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«Pensar no está para tranquilizar conciencias,
sino para incomodarlas.
La filosofía no viene a calmar la angustia,
sino a señalar de dónde proviene».
Slavoj Žižek

Regresar, como la primavera. Y es que tras un tiempo de silencio, de calma, de crecimiento interior y reflexiones que sólo se dan en lugares donde parece que no llega la luz, pequeños brotes asoman.

La primavera es ese recuerdo estacional donde nos dan a entender que todo es cíclico. Y esos pequeños brotes asomando al final de las ramas desnudas nos enseñan que debajo, siempre hay vida aunque a simple vista no podamos verla.

Hoy he querido usar un símil con las Auroras Boreales para poder explicar lo que me ronda en la mente desde hace unas semanas. Y es que para apreciarlas se tiene que dar la oscuridad. Es ahí, cuando no encontramos contaminación lumínica y cuando la noche tiñe el cielo cuando son visibles. Y es un auténtico espectáculo.

¿Cuántas de nosotras no hemos sentido algún momento de tal oscuridad en nuestra vida que pensabamos que no íbamos a poder con ella? ¿Cuántas veces no hemos abandonado justo un momento antes de alcanzar la meta porque pensabamos que no íbamos a ser capaces?

Al final sí que puedes. Como has podido siempre. Todas esas veces que te has caído y has sentido que no tenías fuerzas para hacerlo. Que creíste que no eras suficiente. Que te anulaste por los demás.

Claro que puedes y vas a conseguirlo. Cuando te veas preparada.

Esa oscuridad que tanto nos asusta no es un vacío yermo, sino el útero de nuestra propia transformación. Al igual que la aurora boreal necesita del campo magnético de la Tierra para colisionar con el viento solar y estallar en colores, nuestras crisis son a menudo el choque necesario entre nuestra resistencia y nuestra verdadera esencia. No es que la luz se haya ido para siempre; es que tus ojos se están adaptando para percibir una belleza que no se manifiesta bajo el sol cegador del éxito constante, sino en la calma resiliente de quien sabe esperar su momento.

Acepta, por tanto, tus sombras como el lienzo donde se dibujará tu próximo amanecer. No te castigues por el cansancio ni por las dudas, porque incluso las estrellas más brillantes necesitan del abismo negro para no pasar inadvertidas. Recuerda que la primavera no tiene prisa, pero nunca falta a su cita; tú tampoco lo harás. Permítete florecer a tu ritmo, con la certeza de que esa fuerza que creías perdida habita en ti, silenciosa y eterna, esperando el instante exacto en que decidas volver a mirar hacia arriba y reconocer, por fin, tu propia luz.

Sé la luz que ilumina tu camino. Incluso en los días donde tu luz es tan ténue que tu misma, no te ves.

Nos leemos en breve. Con amor,

I.

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